La inteligencia artificial fue creada para hacernos la vida más sencilla, sin embargo, su uso excesivo podría estar generando un efecto contrario, debilitando nuestra inteligencia. Esto se relaciona con la teoría de la «Ley de Reversión» de Marshall McLuhan, quien argumenta que cualquier herramienta, si se utiliza en exceso, termina provocando el efecto inverso del que fue concebida.
El medio The Conversation indica que la inteligencia artificial no es una excepción y se adapta perfectamente a esta idea. Diseñada para aumentar nuestras habilidades, podría estar en realidad sustituyéndolas. Si recurrimos a ChatGPT o a otras plataformas para concebir, meditar o aprender en nuestro lugar, ¿realmente seguimos ejercitando nuestra mente?
La inteligencia humana es dinámica: puede cambiar, desarrollarse o deteriorarse según los estímulos que reciba. Al igual que un músculo, se fortalece con el uso y se debilita si no se trabaja. Por esta razón, numerosos estudios médicos recomiendan la estimulación mental como una estrategia para prevenir la disminución cognitiva.
Sin embargo, cada vez hay más voces que advierten sobre el fenómeno opuesto. Desde 2015, se ha mencionado el concepto de «amnesia digital», que se refiere a la pérdida de memoria causada por el hábito de confiar en dispositivos y plataformas digitales para almacenar información. Además, el «efecto Google», que implica el hecho de saber que algo se puede encontrar en línea y, por lo tanto, no memorizarlo, se ha intensificado con la llegada de los sistemas generativos de inteligencia artificial.
Reemplazo de la actividad cerebral
La neurocientífica Kathryn Mills, de University College London, alerta que estos sistemas podrían estar reemplazando nuestra capacidad de pensar de manera independiente. Al no necesitar buscar, recordar o procesar ideas por nuestra cuenta, existe el riesgo de que nuestras funciones cognitivas más elevadas se debiliten.
Esto es especialmente preocupante en los estudiantes, quienes podrían estar dejando de lado la lectura de libros, el análisis de teorías o la búsqueda de fuentes primarias, limitándose a consumir resúmenes y respuestas creadas por sistemas artificiales.
El sociólogo Diego Hidalgo lo denomina «sedentarismo cognitivo». No es el único que se preocupa por esto. David Vivancos, especialista en tecnología educativa, ha señalado un posible decremento en la atención de las personas y una «recesión intelectual» a nivel global. La paradoja es clara: tenemos un acceso sin precedentes al conocimiento, pero se vuelve cada vez más complicado comprenderlo, integrarlo y utilizarlo de manera creativa.
A esto se añade una segunda inquietud: la sobrecarga de información. Con el incremento de contenido generado por la IA, resulta más complicado localizar fuentes originales, diversas y humanas.
Como lo ha señalado la desarrolladora Freya Holmer, la web se está saturando de contenido repetitivo y superficial, lo que dificulta la búsqueda auténtica de conocimiento y nos lleva hacia una especie de conformismo intelectual.
La indicación es evidente: si no moderamos el uso de estas tecnologías, podríamos acabar en un entorno donde la capacidad cerebral esté debilitada, sustituida por dispositivos digitales que piensan en nuestro lugar. Una situación perturbadora que evoca la distopía presentada en 2001: Una odisea del espacio, en la que una inteligencia artificial reemplaza la independencia humana.
El reto no reside en frenar el progreso tecnológico, sino en asegurarnos de que, en el camino, no perdamos la práctica de lo que nos define como seres humanos: nuestra habilidad para razonar.
Con información de | diariolibre.com
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